Me enfiesté a mi clienta, no paraba de pajearse la tetona

Hice algunos trabajos de carpintería en la casa de María, una rubia deliciosa de 38 años, pero casada, vive cerca del campo y eso me encanta porque la tranquilidad que no encuentras en la ciudad la encuentras en su casa, sentí cierta envidia por su esposo al principio, me di cuenta que la mina era muy desinhibida, se duchaba y pasaba a mi lado con toalla mostrando mucha piel, "seguí con lo tuyo que yo me debo duchar" y cosas así, un día pasé por su habitación y la puerta estaba abierta, tenía las gambas abiertas y sus dedos en plena acción. Se pajeaba y me miraba, la poronga se me puso al palo, la tenía más dura que mis herramientas, me acerqué porque ella gemía y me miraba, jugó con sus tetas, se metía un dildo verde que por momentos besaba y lamía, me dijo que después me pagaría, que necesitaba pija porque su marido la había hecho cornuda, así fue como le di de comer la pija más hermosa de su vida.  

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